Según el análisis de Cristián Russo, al examinar los perfiles de humedad en los dos metros de suelo, las condiciones actuales para Argentina resultan superiores a las de mayo de 2021, el año tomado como referencia de esta década en materia de arranque triguero. En aquel ciclo, el trigo alcanzó una siembra récord de 6,9 millones de hectáreas y generó una cosecha histórica de 23 millones de toneladas. Esos números quedaron luego eclipsados por la campaña 2025/26, que culminó con 7,16 millones de hectáreas sembradas y una producción de 29,5 millones de toneladas.
Sin embargo, esa ventaja hídrica no logra compensar el impacto del costo de los fertilizantes nitrogenados. La urea se ubica en torno a los USD 1.000 por tonelada, un valor similar al de mayo de 2022, pero en aquel año el trigo cotizaba cerca de USD 350 por tonelada, muy por encima de los USD 230 actuales. Los técnicos consultados por Russo son directos: "los problemas productivos de alguna manera se podían compensar con la situación financiera de aquel entonces. Ahora, no."
Como resultado, se proyecta una caída en la intención de siembra de 500.000 hectáreas, equivalente a una baja del 7% interanual. De materializarse un área de 6,66 millones de hectáreas, se trataría de la quinta mayor siembra de los últimos 17 años.

Fuente. Bolsa de Comercio de Rosario
El recorte en fertilización tendrá consecuencias directas sobre los rendimientos. Russo señala que si bien el rinde promedio nacional podría estimarse en 30,5 quintales por hectárea, la menor aplicación de tecnología lleva a tomar 29 qq/ha como referencia para las proyecciones. Descontando unas 250.000 hectáreas no cosechadas, el horizonte productivo nacional bajo un escenario de clima normal se ubicaría en el rango de 18 a 19 millones de toneladas, más de 10 Mt menos que en la reciente campaña 2025/26.
A pesar de esto, el análisis destaca que las reservas hídricas, un escenario de lluvias normales para el semestre frío y el posible ingreso de un fenómeno El Niño a partir de octubre —mes clave para el período crítico del cultivo— configuran un marco climático favorable que mantiene viva la percepción de oportunidad entre productores y técnicos del sector.

Fuente. Bolsa de Comercio de Rosario
La caída en la intención de siembra no se distribuye de manera uniforme. Según el relevamiento de Russo, las zonas más dependientes de la fertilización son las que muestran los recortes más pronunciados. En la región núcleo se proyecta una disminución del 17%, equivalente a unas 300.000 hectáreas menos. Entre Ríos, según datos publicados recientemente por el SIBER de la Bolsa de Cereales entrerriana, registrará una caída de 130.000 hectáreas (18%). En el resto de Córdoba la baja oscilará entre el 5 y el 10%, acompañada de una caída abrupta en la fertilización aplicada.
En Buenos Aires, en el centro este se esperan recortes de hasta el 30% del área, mientras que en el sureste bonaerense —el gran bastión triguero del país— los técnicos señalan una caída del 20%, con parte del área migrando hacia cultivos como la cebada forrajera, la colza y la carinata. La Pampa estima una baja de entre el 10 y el 15%, con la ganadería y los forrajes compitiendo por superficie con el cereal.
El panorama es radicalmente distinto en el norte del país. Russo destaca que en Chaco y Santiago del Estero se proyecta una fuerte suba del área triguera, donde el cereal se produce prácticamente sin fertilización, apuntando a rindes bajos pero con costos también reducidos. Las amplias reservas de agua —particularmente en Santiago del Estero— y el temor a la chicharrita y el gusano cogollero, sumado a los elevados costos de flete que condicionan la siembra de maíz, llevan a los productores a volcar fuertemente su estrategia hacia el trigo en este ciclo. El girasol también emerge como protagonista en la zona, aunque ya se registra faltante en la disponibilidad de semilla.
La campaña de soja 2025/26 trae muy buenas noticias. Según el análisis de Russo, la estimación de producción subió 2 millones de toneladas respecto al mes anterior, alcanzando la marca de los 50 millones de toneladas, un 1% más que en la campaña previa (49,5 Mt). El progreso de cosecha se ubica en el 61% a nivel nacional, con una recuperación notable desde la última semana de abril.
Entre los principales ajustes al alza, la región núcleo sumó 800.000 toneladas con impacto en Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. La Pampa incorporó 230.000 toneladas adicionales, y entre Chaco y Santiago del Estero se sumaron otras 740.000 toneladas. El rinde promedio nacional se estima en 31,5 quintales por hectárea, 1,5 quintales más que en abril.

Fuente. Bolsa de Comercio de Rosario
El maíz 2025/26 continúa sumando y pasó de una estimación de 67 a 68 millones de toneladas, lo que representaría la mayor cosecha maicera de la historia argentina, un 36% más que el ciclo pasado y un 30% por encima del anterior récord de 52,5 Mt registrado hace dos años, de acuerdo al relevamiento de Russo.

Fuente. Bolsa de Comercio de Rosario
Se lleva cosechado aproximadamente el 40% del área, con un adelanto de dos puntos porcentuales respecto al año anterior. Las siembras tempranas en las zonas más castigadas del este del país no muestran mejoras, pero al avanzar hacia el oeste los resultados revelan que las reservas hídricas en profundidad sostuvieron el llenado de granos cuando las lluvias se interrumpieron a fin de año. El ajuste más importante proviene del noroeste bonaerense, que junto a otros ajustes menores sumó 530.000 toneladas a la provincia de Buenos Aires, con cambios adicionales registrados en Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos, siguiendo los últimos datos del SIBER de la Bolsa de Cereales entrerriana. Se estima un área cosechada de 8,5 millones de hectáreas destinadas a grano comercial.
Redacción por dataPORTUARIA
Fuente: Cristián Russo | Bolsa de Comercio de Rosario