El Puerto de Santos, el mayor complejo portuario de América Latina, enfrenta uno de sus principales cuellos de botella logísticos desde hace décadas: la travesía entre sus dos márgenes. Santos y Guarujá, separadas por apenas 400 metros de canal, pueden implicar desvíos de hasta 45 kilómetros para los vehículos de carga que necesitan acceder a la margen derecha, con esperas que según los propios camioneros pueden superar las tres horas.
La solución llegará con el Túnel Santos-Guarujá, la obra más grande del nuevo Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC) de Brasil, con una inversión de R$ 6,8 mil millones y entrega prevista para fines de 2030.
"Más que unir dos márgenes, el Túnel Santos-Guarujá representa una nueva forma de pensar la infraestructura: aquella que acerca ciudades, reduce emisiones y devuelve tiempo a las personas", destacó el Ministerio de Puertos y Aeropuertos en la presentación del proyecto.
Con 1,5 kilómetros de extensión total —de los cuales 870 metros serán subfluviales, bajo el canal portuario— el túnel reducirá el tiempo de travessia a aproximadamente dos minutos, eliminando la dependencia de las balsas que hoy conectan ambas márgenes. La infraestructura contará con seis carriles de tráfico, ciclovía, paso para peatones y espacio reservado para la futura incorporación de un Vehículo Liviano sobre Rieles (VLT). Se equipará además con sistemas de monitoreo en tiempo real, control inteligente de tráfico y mecanismos integrados de seguridad.
Los números del Puerto de Santos dimensionan el alcance de la obra. En 2025, el complejo movilizó 186,5 millones de toneladas —incluyendo 5,9 millones de TEU— y concentra el 30% de toda la corriente comercial de Brasil. Conecta más de 600 destinos y opera con mercaderías de más de 200 países. Es el principal exportador de azúcar, soja y maíz del país y el segundo mayor importador de trigo.
Actualmente, cerca de 20.000 vehículos de carga circulan diariamente por el complejo, de los cuales aproximadamente 5.000 necesitan acceder a la margen derecha enfrentando los mayores tiempos de espera. La operación genera además cerca de 70.000 toneladas de CO₂ anuales solo en ese tramo, impacto que la obra apuntará a reducir significativamente.