En un contexto de creciente inestabilidad geopolítica, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, advirtió que la interrupción del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz amenaza con desencadenar una crisis energética y una posible emergencia alimentaria global, según publicó Movant Connection.
El bloqueo de esta vía estratégica, por donde circula cerca de un tercio del comercio global de fertilizantes, está generando una de las mayores disrupciones en las cadenas de suministro desde la pandemia. El aumento de los costos de transporte y de los seguros marítimos ya se traduce en una mayor presión sobre los precios de los alimentos y en retrasos en entregas críticas.
La FAO advirtió que la continuidad del conflicto en Irán incrementa los riesgos para la seguridad alimentaria mundial. Su economista jefe, Máximo Torero, señaló que las interrupciones en exportaciones de petróleo, gas y fertilizantes ya están generando aumentos de precios con impacto directo en la producción agrícola.
Los mercados internacionales reflejan estas tensiones: operadores de Europa y la Bolsa de Chicago registran subas en los precios de cereales y oleaginosas, impulsadas por la volatilidad logística y el encarecimiento energético. La consultora agrícola Agritel advierte sobre un escenario de escasa previsibilidad y presión sobre las cadenas de abastecimiento.

Foto. International Institute for Educational Planning -. UNESCO
El encarecimiento de fertilizantes, fuertemente dependientes de las exportaciones del Golfo Pérsico, introduce nuevas tensiones en la planificación productiva, convirtiendo a la logística en un factor crítico que define la capacidad de producción agrícola.
La acumulación de más de 2.000 buques y 20.000 marineros varados evidencia un problema estructural en la continuidad operativa del transporte marítimo. El secretario general de la Organización Marítima Internacional, Arsenio Domínguez, remarcó la importancia de garantizar la libertad de navegación y adaptar los marcos regulatorios a nuevas amenazas.
Estos cuellos de botella afectan directamente la distribución de alimentos y de ayuda humanitaria, especialmente en regiones vulnerables. La FAO advierte que en América Latina, grandes productores agrícolas podrían verse afectados, con impacto directo en los rendimientos y en la oferta exportable.

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La combinación de restricciones logísticas, aumento de costos energéticos y menor disponibilidad de insumos genera un efecto cascada sobre la cadena alimentaria: menor producción, mayores costos de transporte y disrupciones en la distribución convergen en alimentos más caros y menos accesibles.
Este escenario golpea con mayor intensidad a los países de bajos ingresos, donde la dependencia de importaciones amplifica el impacto. La posible reducción en el uso de fertilizantes por su encarecimiento podría afectar además los rendimientos agrícolas en los próximos ciclos productivos, comprometiendo la estabilidad del abastecimiento futuro.
Redacción por dataPORTUARIA
Fuente: Movant Connection - Infobae