viernes 24 de abril de 2026 - Edición Nº2063

Campo | 24 abr 2026

Brecha de Rendimiento

El girasol alcanzó su mayor superficie en dos décadas pero una brecha del 34% muestra el potencial productivo que aún no se aprovecha

15:50 |Con 2,8 millones de hectáreas implantadas, el cultivo logró su nivel más alto en casi 20 años. Sin embargo, el rendimiento potencial de 3,2 t/ha contrasta con el promedio observado de 2,1 t/ha. Especialistas apuntan a la fertilización con nitrógeno y fósforo y a la aplicación variable de insumos como claves para cerrar la distancia.


El girasol volvió a expandirse en la Argentina y alcanzó su mayor superficie en casi dos décadas. Según datos de la Bolsa de Cereales de Córdoba, el cultivo llegó a unas 2,8 millones de hectáreas implantadas, el nivel más alto en casi 20 años. Ese crecimiento convive con una brecha importante entre lo que el cultivo podría rendir y lo que efectivamente produce,

Un estudio presentado en el congreso de girasol de Asagir en Mar del Plata por Ignacio Rodríguez, representante Técnico de Desarrollo en Limagrain, permitió dimensionar esa distancia. A partir de modelos de simulación y datos oficiales, el trabajo estimó que el rendimiento potencial del girasol en la Argentina se ubica en torno a 3,2 toneladas por hectárea en secano, frente a un promedio observado cercano a 2,1 toneladas. Es decir, una brecha del 34%.

"Nosotros primero lo que hacemos es calcular un rendimiento potencial. Esto lo hacemos a través de modelos de simulación y eso lo comparamos con los datos que nos da la Secretaría de Agricultura. La diferencia entre esos dos niveles de rendimiento es la brecha", explicó Rodríguez, quien señaló que la nutrición del cultivo es uno de los puntos más relevantes para cerrarla, ya que el nitrógeno y el fósforo "son determinantes". Advirtió: "En la mayoría de las zonas vemos que aplican menos de lo que deberían".

La brecha no se distribuye de manera homogénea: el norte concentra los mayores desfasajes en términos porcentuales, en un contexto de ambientes más restrictivos y planteos con menor nivel de inversión.

El diagnóstico de campo

Agustín Moro, de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, explicó que el girasol se maneja mayormente con un nivel tecnológico "intermedio", con una adopción todavía limitada de herramientas más avanzadas. Prácticas como la aplicación variable de insumos alcanzan apenas al 16% de los productores. Además, la fertilización no acompañó la mejora de rendimientos: a nivel país, las dosis se mantienen prácticamente sin cambios en 11 a 13 kilos de fósforo y 20 a 30 kilos de nitrógeno por hectárea.

El girasol, ante un momento histórico: “Hay un presente y un futuro cercano  súper atractivo para la cadena” - ADBlick Agro ::: Blog
Foto. ADBlick Agro

La estrategia de fertilización

El especialista en fertilidad de suelos Martín Díaz Zorita advirtió que el desafío no pasa solo por aumentar las dosis sino por mejorar la estrategia de fertilización en su conjunto. "Los nutrientes tienen que estar disponibles antes de que el cultivo los demande", planteó, señalando que aplicaciones tardías, aun con dosis adecuadas, pueden perder eficiencia si no coinciden con los momentos críticos del cultivo.

Los ajustes en la estrategia de fertilización permiten mejoras de entre 17% y 30% en la eficiencia en el uso del agua. Sobre el fósforo, remarcó: "Sin fósforo no hay raíces y sin raíces no hay cultivo", señalando que su deficiencia puede comprometer al menos el 10% del rendimiento alcanzable. En cuanto al nitrógeno, destacó que los suelos hoy aportan entre 40 y 90 kilos por hectárea y que las mejores eficiencias se logran cuando el nutriente se incorpora en etapas avanzadas del crecimiento vegetativo.

También mencionó el rol creciente del azufre —que mejora la eficiencia del nitrógeno— y del boro, que empieza a aparecer como factor limitante en distintas regiones.

Díaz Zorita concluyó: "El modelo que predomina hoy en muchos casos responde a recomendaciones de hace casi 20 años", y remarcó que hay margen para mejorar sin necesariamente aumentar costos, sino ajustando mejor las decisiones con herramientas como el monitoreo en tiempo real y el uso de imágenes para detectar deficiencias.


Redacción por dataPORTUARIA
Fuente: Pilar Vázquez en La Nación

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