Por: Bolsa de Comercio de Rosario
Un informe reciente de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) titulado China se corre del lugar de principal importador de cereales advierte sobre un cambio en el comercio global de cereales: China ha comenzado a reducir drásticamente sus importaciones de maíz, trigo, cebada y sorgo, revirtiendo el rol que desempeñó en los últimos años como principal demandante de estos productos. En la campaña 2023/24, el gigante asiático importó más de 61 millones de toneladas de estos cultivos, representando un crecimiento de más del 1.600% respecto de la campaña 2010/11. Sin embargo, las proyecciones para 2024/25 muestran una marcada retracción, con un ajuste en sus compras de maíz (de 13 a 10 millones de toneladas) y trigo (de 10,5 a 8 millones de toneladas), lo que supone caídas del 57% y 32%, respectivamente, en relación con los promedios de las cuatro campañas previas.

Según el análisis de la BCR, esta tendencia responde a tres factores clave:

El informe también señala que, a largo plazo, las Perspectivas Agrícolas de China, elaboradas en conjunto por el Ministerio de Asuntos Agrícolas y Rurales (MARA) y otras instituciones, proyectan una caída sostenida en las compras externas de cereales. En el caso del trigo, las importaciones pasarían de 10,5 millones de toneladas en 2023 a 6,4 millones de toneladas en 2028 y 4,8 millones de toneladas en 2033, lo que representaría una reducción del 60% en una década. Para el maíz, la caída sería aún más pronunciada: de 28,8 millones de toneladas en 2023 a 7,1 millones de toneladas en 2028 y 6,8 millones de toneladas en 2033, una contracción del 77% en el período.

Las proyecciones del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) también reflejan una tendencia a la baja, aunque con estimaciones menos drásticas. De acuerdo con su informe a 2034, China caería al cuarto puesto entre los mayores importadores de trigo, mientras que sus compras de maíz se reducirían en un 7% respecto del pico registrado en 2023/24.

La BCR concluye que este cambio estructural tendrá implicancias directas en los mercados de exportación, obligando a los grandes productores globales a adaptarse a un nuevo escenario comercial. Con China disminuyendo su participación como principal demandante, la competencia entre exportadores y la presión sobre los precios internacionales podrían intensificarse en los próximos años.
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