Brasil avanza en la reconfiguración de sus corredores logísticos internacionales tras la interrupción del tránsito por el Estrecho de Ormuz, una de las principales rutas del comercio global afectada por el conflicto en Medio Oriente.
Según se desprende de un informe reciente, el país alcanzó un acuerdo con Turquía para utilizar su red portuaria como plataforma de tránsito, almacenamiento y redistribución de mercancías, con el objetivo de sostener el flujo exportador hacia mercados estratégicos.
La medida apunta a garantizar la continuidad de los envíos de productos clave del agronegocio, como maíz, carnes y azúcar, cuya colocación en la región depende en gran parte de esa vía marítima.
La elección de Turquía responde a su posicionamiento geográfico y a su infraestructura portuaria, con acceso al Mediterráneo, el mar Negro y el mar Egeo. Esta red permite articular flujos comerciales entre Europa, Asia Central y Medio Oriente, facilitando la redistribución de cargas en escenarios de disrupción.

Foto. El Liberal
Si bien esta ruta alternativa ya era utilizada de manera marginal, el contexto actual elevó su relevancia operativa. El acuerdo formaliza este esquema, otorgando mayor previsibilidad a los exportadores en un escenario de incertidumbre en las rutas marítimas.
Uno de los aspectos centrales del entendimiento fue la adecuación a los requisitos sanitarios para productos de origen animal. En ese sentido, se estableció un certificado veterinario específico que permite el tránsito o almacenamiento en territorio turco sin afectar el acceso a los mercados de destino.
El Medio Oriente representa un destino clave para las exportaciones brasileñas. En el caso del maíz, cerca del 30% de los envíos se dirigen a esa región, mientras que también absorbe una proporción significativa de las exportaciones de carne aviar y bovina.
En este contexto, cualquier interrupción en los corredores logísticos tiene impacto directo sobre la operatoria comercial, tanto a nivel nacional como en el abastecimiento de mercados internacionales.
Además del flujo exportador, el escenario también plantea desafíos en el abastecimiento de insumos. Brasil depende en gran medida de la importación de fertilizantes, una parte relevante de los cuales transita habitualmente por el Estrecho de Ormuz.
La interrupción de esa vía incrementa el riesgo de desabastecimiento y presión sobre los costos productivos, lo que abre la necesidad de diversificar proveedores y fortalecer la producción local.
Redacción por dataPORTUARIA
Fuente: Movant Connection