La continuidad del conflicto en Medio Oriente provocó un nuevo impulso alcista en los mercados internacionales de commodities agrícolas. En ese contexto, soja, maíz y trigo registraron subas en las principales plazas globales, impulsadas por el aumento del precio de la energía y la creciente incertidumbre geopolítica.
Uno de los factores centrales detrás de este movimiento es el encarecimiento del petróleo, que repercute directamente en los costos de producción agrícola, transporte, insumos y fertilizantes.
El crudo Brent, referencia internacional, llegó a superar los US$ 120 por barril, su nivel más alto desde 2022, en medio de las tensiones en zonas estratégicas para el transporte energético en el Golfo Pérsico y el Mar Rojo. Posteriormente, los precios retrocedieron parcialmente y se estabilizaron en una franja de US$ 90 a US$ 100 por barril.

El conflicto en Medio Oriente impulsa los precios de la soja, el maíz y el trigo en los mercados internacionales. Foto: TodoAgro
Desde el inicio del conflicto, el precio del petróleo acumuló un incremento cercano al 28%, lo que se trasladó a distintos segmentos de la cadena agroindustrial.
Además del impacto energético, el conflicto también presiona sobre la logística internacional, ya que el aumento en el costo del combustible y de los seguros marítimos encarece los fletes y afecta la dinámica del comercio global.
En este escenario, la soja alcanzó su valor más alto en casi dos años. En la Chicago Board of Trade (CBOT), el contrato de futuros con entrega en mayo de 2026 cotiza alrededor de US$ 440 por tonelada, el mayor nivel desde mayo de 2024.
El maíz también mostró una tendencia positiva. En el mismo mercado, los futuros con entrega en mayo de 2026 se ubican cerca de US$ 180 por tonelada.
Por su parte, el trigo acompaña el movimiento alcista: los futuros de trigo duro de invierno con entrega en mayo cotizan alrededor de US$ 230 por tonelada en los mercados internacionales.
El impacto también se observa en los derivados de la oleaginosa. El aceite de soja, estrechamente vinculado al mercado energético por su uso en biocombustibles, registró subas en línea con el petróleo. Los futuros con entrega en mayo de 2026 cotizan cerca de 67,05 centavos de dólar por libra.
Para Argentina, uno de los principales exportadores agrícolas del mundo, el nuevo escenario internacional abre una ventana de oportunidad por mejores precios, aunque con ciertas limitaciones.
Una parte importante de la producción de soja y maíz ya fue comercializada tras la última campaña, lo que reduce el volumen disponible para aprovechar plenamente el repunte de los precios internacionales.
El trigo, en cambio, podría beneficiarse en mayor medida del nuevo contexto. Con la próxima campaña todavía en desarrollo y perspectivas de una buena producción, los analistas consideran que podrían mejorar las exportaciones argentinas del cereal hacia fin de año si se mantienen las tensiones geopolíticas.

La soja alcanzó su nivel más alto desde 2024 en Chicago tras la suba del petróleo. Foto: Diario Neuquino
Según datos de la programación de embarques, entre el 4 y el 28 de marzo se prevé la salida de 285.200 toneladas de trigo desde el Gran Rosario, 181.000 toneladas desde Bahía Blanca y 25.000 toneladas desde Necochea, aunque gran parte de esas cargas corresponde a operaciones comerciales ya cerradas previamente.
En paralelo, el valor FOB del trigo argentino mostró una leve suba en los últimos días, al pasar de US$ 211 a US$ 212 por tonelada, de acuerdo con los registros de la Secretaría de Agricultura.
El conflicto también pone en foco el Estrecho de Ormuz, un punto estratégico que conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y por donde circula cerca del 25% del comercio marítimo mundial de petróleo y aproximadamente el 20% del comercio global de gas natural licuado (GNL).
Este último insumo es fundamental para la producción de urea, el fertilizante más utilizado en la agricultura. El gas natural explica cerca del 80% del costo de producción de este fertilizante, por lo que cualquier interrupción en el flujo energético puede trasladarse rápidamente a los costos del sector agropecuario.
Para Argentina, el impacto es especialmente relevante, ya que alrededor del 50% de los fertilizantes utilizados en el país son importados. En 2025, las importaciones de estos insumos superaron los US$ 2.000 millones, un aumento del 38% respecto al año anterior.
Redacción por dataPORTUARIA
Fuente: Lola Loustalot - Infobae