Por: Ricardo Partal Silva
En un artículo anterior manifestaba que desde la pandemia del Covid19, el mundo padece una disrupción tras otra y no ha dado tregua. Mientras el mundo intenta estabilizarse tras años de volatilidad, una nueva escalada en Oriente Medio y el colapso energético en el Caribe han reconfigurado el mapa de la crisis global. Hoy, el conflicto no solo se mide, lamentablemente, en bajas militares y civiles; sino en el precio de la canasta agroalimentaria y el combustible en cada una de las ciudades.
Pero antes de entrar en detalles con el nuevo escenario GEO-EGOpolítico consideremos algunos otros que aún nos mantienen en vilo, otros con sus repercusiones; solo para que nuestro análisis se encuentre sostenido con ciertos fundamentos.
La situación en Oriente Medio alcanzó un punto crítico tras los ataques recientes contra infraestructuras en Irán y la respuesta de Teherán en el Estrecho de Ormuz. Este estrecho es el "cuello de botella" por el que transita el 20% del petróleo mundial. Por lo ponto esta situación provoca una serie de impactos:
En la Energía: El precio del barril de crudo Brent se disparó casi un 14% en las últimas horas, superando niveles previstos para finales de año.
Transporte Marítimo: Las principales navieras (Maersk, MSC) han vuelto a desviar sus rutas, evitando el Canal de Suez y el Estrecho de Ormuz, lo que añade hasta 15 días de navegación y miles de dólares en costos de "búnker" (combustible marino) y seguros de guerra.
La situación humanitaria: La región americana no es ajena a este caos. En febrero pasado, la situación en Cuba fue calificada como "dramática". Luego la detención del líder venezolano y el cambio de control en las refinerías del país por parte de nuevas administraciones apoyadas por EE. UU., el flujo de petróleo hacia Cuba se detuvo casi por completo. Esto que ha provocado: Una compleja situación humanitaria; apagones de hasta por 20 horas diarias. El transporte público es casi inexistente y los residuos se acumula en La Habana por falta de combustible para su recolección. El Impacto Económico; el turismo, motorizadores de la economía cubana, cayó casi un 30% en el último año debido a la inestabilidad energética.
Por su parte, Venezuela atraviesa una fase de transición forzada donde el control de sus recursos petroleros es el centro de una disputa geopolítica entre potencias. Esto fragmentó la producción, afectando el suministro regional que solía estabilizar los precios en toda la región.
Es el sector que "contagia" la inflación al resto de la economía. El aumento en las tarifas de fletes no es solo un número para las empresas; es un recargo que termina en la etiqueta de los productos del supermercado. Este efecto se traduce, entre otros en el:
Para entender cómo “una bomba” en Oriente Medio puede afectar a un hogar latinoamericano. Los analistas advierten que el alza en los combustibles se reflejará de inmediato en la Cadena de Frío. El impacto en la mesa también afectará el costo de la Canasta Básica Familiar de Alimentos, que subirá debido a que el transporte de carga terrestre (que utiliza diésel) ahora es más caro. Algunos de los Productos de mayor afectación son los importados (granos, aceites, agro alimentos). Se estima que productos básicos como el arroz y el aceite podrían subir entre un 5% y 10% solo en este mes debido a los recargos logísticos.
Cuando el diésel se encarece el flete marítimo sube también, no hay forma que el precio de productos básicos comestibles, se mantengan igual en el mercado. El consumidor final es el que paga los conflictos bélicos.
Analicemos someramente esta situación global y sus repercusiones directas en Latinoamérica. La situación ha dado un giro drástico con ataques militares de Estados Unidos e Israel contra instalaciones en Irán, en respuesta a la décima oleada de misiles iraníes. Este conflicto ha paralizado los vuelos comerciales en la región y amenaza con cerrar definitivamente los estrechos energéticos más importantes del mundo.
A cuatro años del inicio de la invasión rusa a Ucrania, la guerra continúa dictando el precio de los fertilizantes, tierras raras, minerales y los granos. Aunque los mercados han intentado adaptarse, la dependencia estructural de los insumos rusos sigue siendo el talón de Aquiles de la agricultura latinoamericana.
En lo humanitario, Cuba, atraviesa una de sus peores crisis energéticas. Un "asedio petrolero" y la suspensión del suministro desde Venezuela los han dejado con apenas el 40% del combustible necesario. Esto derivó en el cierre de escuelas, acumulación de residuos, falta de recolección de los mismos y hospitales operando al límite.
Venezuela por su parte, Continúa siendo un foco de inestabilidad política y económica que, aunque ha visto una ligera revalorización por su petróleo, sufre una infraestructura degradada que impide capitalizar los altos precios internacionales, manteniendo a su población en una precariedad constante.
El conflicto en el Mar Rojo se ha vuelto el epicentro del caos logístico. Como manifiesto más adelante, los ataques de los rebeldes hutíes han obligado a las navieras a evitar el Canal de Suez, desviando los buques por el Cabo de Buena Esperanza (África). Este desvío añade hasta 15 días de viaje y miles de millas náuticas. Los fletes se han duplicado en comparación con los niveles de 2024. En energía; el 8% de las exportaciones mundiales de Gas Natural Licuado (GNL) pasaban por Suez; ahora, ese flujo está fragmentado, elevando los costos de calefacción y electricidad en Europa y, por rebote, en los países importadores de energía en América Latina.
La crisis logística no es solo un problema de barcos, energía, transporte, etc.; es un problema que afecta “los estómagos”. Tomo como ejemplo a Colombia, Brasil o México. Países como Brasil y Colombia importan entre el 25% y el 33% de sus fertilizantes de Rusia. El encarecimiento de la urea y el potasio ha elevado los costos de producción de maíz, café y sorgo.
En México, el incremento en los fletes marítimos para importar granos básicos y repuestos industriales se trasladó directamente al consumidor. Productos esenciales como el pan, la tortilla y el aceite vegetal han visto incrementos de doble dígito debido a que los "costos de internación" (transporte + seguros) son ahora un 40% más caros que hace dos años.
El riesgo geopolítico actual ha forzado a los bancos centrales de la región a mantener tasas de interés elevadas. Como los conflictos elevan el precio del petróleo y los alimentos, los bancos centrales no pueden bajar las tasas por miedo a una espiral inflacionaria. En 2026, los costos de financiamiento para países latinoamericanos se mantienen 2 puntos porcentuales por encima de los niveles de 2022. Esto significa que los gobiernos destinan más presupuesto a pagar deuda y menos a inversión social, mientras que el crédito para las familias (hipotecas, tarjetas) sigue siendo prohibitivo.
Mientras los misiles cruzan el cielo de Teherán y los buques cargueros huyen de las costas de Yemen, en las ciudades de América Latina el conflicto se siente en el supermercado.
Con tasas de interés que no dan tregua y una inflación que se "importa" en cada contenedor de carga, la región enfrenta el reto de producir sus propios insumos o quedar a merced de una geopolítica que parece haber olvidado la estabilidad. La guerra ya no está "lejos"; está en el costo de cada gramo de comida que llega a nuestras mesas.
La logística mundial ha pasado de buscar la "eficiencia" a priorizar la "resiliencia".
Rutas Marítimas:
Alternativas:
Rutas Terrestres: El auge de los "Corredores"
Rutas Aéreas: Un cielo fragmentado