La sostenibilidad dejó de ser una opción para los puertos y pasó a ser una condición estructural de operación. Hoy, la pregunta ya no es si descarbonizar, sino cómo hacerlo de manera creíble, coherente y legítima frente a todos los públicos que observan —y evalúan— cada decisión.
Los datos lo confirman. Según el World Ports Sustainability Program, más del 70 % de los puertos a nivel mundial ya incorporaron objetivos ambientales dentro de su planificación estratégica. El avance es innegable. Sin embargo, el mismo informe deja en evidencia una brecha crítica: solo una parte de esos puertos logra explicar, sostener y legitimar esos procesos frente a sus públicos clave.
En el contexto actual, uno de los mayores peligros para los puertos no es avanzar poco en sostenibilidad, sino decir que avanzan más de lo que realmente hacen. El greenwashing —la práctica de comunicar compromisos ambientales sin respaldo real— dejó de ser un error menor para transformarse en un riesgo estratégico.
Estudios recientes de la OCDE muestran que la desconfianza hacia los mensajes ambientales poco sustentados creció de manera significativa en los últimos años. Gobiernos, mercados financieros, clientes y comunidades ya no aceptan declaraciones genéricas ni promesas sin indicadores claros.
En el mundo portuario, esto tiene consecuencias concretas: pérdida de credibilidad institucional, conflictos con comunidades, cuestionamientos regulatorios, dificultades para acceder a financiamiento y, en algunos casos, licencia social en riesgo.
Aquí es donde las Relaciones Públicas portuarias dejan de ser una función accesoria y pasan a cumplir un rol central: evitar que la sostenibilidad mal comunicada se transforme en un problema mayor que el problema ambiental original.
El desafío no es “comunicar más”, sino comunicar mejor. Las RRPP portuarias deben actuar como un sistema de control de coherencia entre lo que el puerto hace, lo que dice y lo que los distintos públicos perciben.
Esto implica, al menos, cuatro responsabilidades clave:
En este punto, las RRPP no “maquillan” la sostenibilidad. La protegen.
Lo que hoy se discute en foros internacionales, organismos multilaterales y congresos especializados deja una señal clara: la sostenibilidad ya no es un tema sectorial, es un tema sistémico. Atraviesa la operación, el financiamiento, la regulación, la relación con el territorio y la competitividad.
Y como todo proceso sistémico, necesita ser explicado, debatido y construido colectivamente. No alcanza con áreas técnicas aisladas ni con comunicados institucionales esporádicos. Se requiere una narrativa consistente que integre a todos los actores: autoridades portuarias, operadores, trabajadores, gobiernos, clientes y comunidades.
Para los puertos de América Latina, el desafío no es solo técnico ni financiero. Es también reputacional, institucional y comunicacional. Aquellos que comprendan que la descarbonización debe ir acompañada de una estrategia sólida de Relaciones Públicas estarán mejor preparados para competir, atraer inversiones y sostener su rol en el territorio.
Porque en esta etapa, tan importante como reducir emisiones es saber explicar por qué, cómo y para quién se está transformando el puerto.
Y en ese equilibrio —entre acción real y comunicación responsable— se juega buena parte del futuro del sector.
❗ Mensajes ambientales sin indicadores claros ni métricas comparables
❗ Anuncios grandilocuentes sin cronogramas ni hojas de ruta públicas
❗ Foco en acciones aisladas que no reflejan cambios estructurales
❗ Falta de coherencia entre lo que se comunica y lo que viven trabajadores o comunidades
❗ Uso excesivo de slogans “verdes” sin respaldo técnico verificable
Según la OCDE, la desconfianza en mensajes ambientales poco sustentados creció de forma significativa en los últimos años. En este escenario, la omisión, la exageración o la simplificación excesiva pueden generar más daño reputacional que el silencio.
Redacción por dataPORTUARIA
Fuente: Zulma Dinelli – Presidenta & CEO de PR PORTS