Por: Juan Andrés Duartes - Presidente Ejecutivo AAPA Latam
Si en contenedores vemos la conversación diaria, en graneles se ve la película completa, qué economías están acelerando, qué industrias están frenando y hacia dónde se están reacomodando los flujos de energía, minería, agro y químicos. Y el arranque de 2026 llega con una realidad incómoda pero útil: la volatilidad ya no es “ruido”, es parte del sistema… y los graneles la reflejan de forma brutal en tiempos de espera, ventanas de atraque, costos de escala y confiabilidad del hinterland.
Un punto clave para entender el año, la distancia está pesando tanto como el volumen. Cuando las rutas se estiran por desvíos, restricciones o reconfiguraciones, el “trabajo” del shipping (ton-millas) crece aunque el comercio no se dispare. Ese efecto parece técnico, pero es 100% operativo, más buque-día para mover lo mismo, más presión sobre calados, cargadores, tanques, patios, turnos, y más sensibilidad a cualquier interrupción (clima, incidentes, conflictos, congestión).
En graneles secos, el tablero se está ordenando por dos tensiones simultáneas. Por un lado, China sigue siendo un imán (mineral, carbón, bauxita), pero con ajustes de origen y rutas que reacomodan quién gana relevancia en cada costa. Por otro, el “costo logístico total” vuelve a mandar, cuando los márgenes se aprietan, los traders y cargadores castigan la fricción. En la práctica, esto empuja a una competencia menos de “tener más infraestructura” y más de “operar mejor”: menos tiempo en muelle, mayor continuidad de cargue y descargue, menor variabilidad por turno, y coordinación fina con tren/carretera. En graneles, la eficiencia no es un KPI bonito: es la diferencia entre capturar flujo o perderlo.
En graneles líquidos, 2026 se siente como un año de lectura táctica. Si el mercado entra en fase de precios más suaves y arbitrajes más agresivos, la pregunta portuaria no es solo “cuánto se mueve”, sino cómo se mueve, más exigencia de seguridad y control, más presión por rotación de tanques y bombeo, más necesidad de confiabilidad en inspecciones, documentación y ventanas. Y en América, hay un factor estructural, el peso de algunos productores regionales tiende a sostener la importancia de nodos exportadores y de la logística energética del Atlántico, lo que pone la lupa en terminales que puedan operar con consistencia sin “picos” de cola o paradas.
Ahora, lo que a veces se subestima, en graneles, el cuello de botella rara vez está solo en el muelle. El diferencial real suele estar en la orquestación puerto–tierra–industria. En 2026, los puertos que más valor capturan suelen ser los que han entendido cinco cosas simples (pero difíciles de ejecutar):
Por eso, la conversación ya no es solo “más CAPEX”. Es capacidad efectiva. Y ahí entra lo más interesante: los puertos que están dando un salto no necesariamente son los más grandes, sino los que conectan mejor datos + coordinación + reglas + ejecución. Visibilidad (ETAs más útiles), decisiones más rápidas, menos fricción documental, y una operación que no se cae cuando el entorno se pone raro. Eso, en 2026, es ventaja competitiva de verdad.
Los graneles “premian” puertos que reducen fricción incluso en un mercado errático. El volumen puede subir o bajar, los precios pueden moverse, pero la confiabilidad operativa cuando está se nota.
Redacción por dataPORTUARIA