Hace poco más de una década, la situación era opuesta: en 2012, la producción boliviana superaba los 60 Mm³/d, mientras que el shale neuquino producía una cantidad mínima. Sin embargo, el punto de quiebre ocurrió en 2022, cuando las curvas de producción se cruzaron, dejando a la formación argentina con una clara ventaja.

El exministro de Hidrocarburos boliviano, Álvaro Ríos Roca, calificó la situación como crítica debido a la mínima exploración exitosa en su país. Se proyecta que hacia fines de 2025, la producción boliviana solo llegará a los 26 Mm³/d, lo que apenas cubrirá la mitad de su demanda interna. El especialista advierte que para 2028, Bolivia podría verse obligada a importar gas, ya que su producción no será suficiente.
Este nuevo contexto ha generado un hecho histórico: por primera vez, gas de Vaca Muerta cruzó Bolivia con destino a Brasil, el mayor consumidor de la región. Este movimiento consolida a Argentina como un actor central y estratégico en el mapa energético sudamericano.
En un intento por revertir la situación, Bolivia ha reorientado su política hidrocarburífera, priorizando el abastecimiento local sin abandonar la exploración. Una de las iniciativas clave es la perforación del pozo exploratorio Bermejo-X46D en Tarija, que ya superó los 3.900 metros y se espera que encuentre nuevos reservorios de gas.
Redacción por DataPortuaria