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La importancia de una visión global acerca del sistema de transporte

El comercio marítimo es fundamental para los países agroexportadores de la región. Sin embargo, una visión integral sobre el sistema de transporte es necesaria para aumentar aún más nuestras capacidades.

En los países exportadores de materia prima, como son los casos de la Argentina, Brasil y Chile, el comercio a través de los puertos es fundamental. Por obvias razones, la inversión en la infraestructura de estos es muy importante, ya que permite aumentar las cantidades exportadas y mejorar la eficiencia durante todo el proceso, reduciendo costos.

Esto debe realizarse en el marco de una visión nacional que nos permita comprender la importancia del conjunto del sistema de transporte y de las cadenas logísticas. Por ello, la consideración estratégica de los puertos y vías navegables debe hacerse teniendo en cuenta su conexión interior a través de ferrocarriles o autovías.

Si nos centramos específicamente en el rubro marítimo, para que América Latina dé un salto de competitividad se requerirá una inversión de unos US$ 55.000 millones en los próximos 20 años, conforme lo explica el “Análisis de inversiones portuarias en América Latina y el Caribe al horizonte 2040” realizado por CAF. Principalmente, el dinero deberá estar destinado a introducir nuevas capacidades portuarias de contenedores y mejorar la operación y el dragado de profundización en los puertos.

Sin embargo, como mencionamos más arriba, no podemos quedarnos nada más con esto y varios países de la región lo han comprendido.

En los últimos dos años, gracias a las concesiones de aeropuertos, rutas, terminales portuarias y tramos de ferrocarriles, Brasil alcanzó inversiones por US$ 14.000 millones. Una de sus grandes apuestas es su red ferroviaria: en los próximos 15 años, apunta a duplicar la actual participación de los trenes en su matriz de transporte (pasaría del actual 15% hasta el 36% en 2035).

Dentro de este plan, se puede destacar la concesión de la Ferrograo. El objetivo es conectar el polo agropecuario del Mato Grosso con el puerto fluvial de Miritituba. Desde allí, los cargamentos seguirán por hidrovía hasta el Atlántico para ser exportados a todo el mundo (los brasileños esperan exportar 120 millones de toneladas de granos anuales a partir de 2030).

Por otra parte, tenemos el caso de Chile, que el año pasado aprobó un plan de inversión de US$ 1.900 millones para el período 2020-2022, el cual forma parte de un plan a largo plazo de US$ 5.570 millones. Entre muchos de sus objetivos, esperan que el tonelaje de carga anual de sus trenes aumente de 11,5 millones a 21 millones para 2027.

El puerto de Valparaíso, una de sus principales salidas al océano Pacífico, no posee una buena conexión con el transporte de carga ferroviario. Por ello, esta inversión busca generar un nuevo corredor ferroviario (el 20% de la inversión estará destinada a facilitar la movilización de bienes por ferrocarril).

Por su parte, la Argentina no quiere quedarse atrás. A través del Plan de Modernización del Transporte Ferroviario, el Gobierno nacional invertirá la increíble cifra de US$ 4.905 millones en los ferrocarriles de carga de 12 provincias: Jujuy, Salta, Tucumán, Chaco, Córdoba, Santa Fe, San Luis, Mendoza, La Pampa, Río Negro, Neuquén y Buenos Aires.

La inversión comienza a dar resultados: durante mayo se contabilizaron 768.684 toneladas trasladadas, lo que representa un incremento del 39% respecto a 2020 y del 79% en comparación con 2019.

El comercio marítimo es fundamental para los países agroexportadores de la región. Sin embargo, una visión integral es necesaria para aumentar aún más nuestras capacidades.

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