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La “diplomacia” de las Guardias Costeras

Al igual que la Guardia Costera de Estados Unidos (USCGC), su homóloga china (CCG) está analizando cooperar en América Latina para resolver los problemas de la región.

No hay dudas de que China ya es una potencia mundial. En los últimos 30 años, con un crecimiento económico sin precedentes, el gigante asiático se ha convertido en la segunda economía de la Tierra y en los próximos años superará a Estados Unidos.

Como sucedió con muchos países poderosos a lo largo de la historia, el aumento de las capacidades chinas genera que sus intereses geopolíticos y su influencia en todo el sistema internacional vayan en aumento, aunque esto también representa una mayor responsabilidad para ayudar a otros países. Esto se debe a que, si desea mantener cierta estabilidad, debe asegurarse de que el comercio internacional no se vea afectado por cuestiones ajenas.

En esta línea, América Latina, la cual representa una gran ventana de oportunidad para los productos chinos, también constituye un gran desafío. Esto se debe a que esta región se caracteriza por producir ilegalmente diferentes tipos de drogas, las cuales alcanzan sus precios más altos en Asia y Australia, convirtiendo a China en un mercado natural para la cocaína producida en la región. Por ejemplo, un kilogramo de cocaína puede costar entre dos y tres veces más en Hong Kong que en Los Ángeles. 

Teniendo en cuenta la Nueva Ruta de la Seda, para China, América Latina es una región de gran importancia. Actualmente, Panamá, Uruguay, Ecuador, Venezuela, Chile, Uruguay, Bolivia, Costa Rica, Cuba y Perú forman parte de la misma. Por su parte, en noviembre de 2020, la Argentina anunció que también se sumaría.

En este sentido, las autoridades chinas ya están analizando cooperar para combatir este problema, ya que les permitiría no solo reducir el ingreso de estupefacientes en su territorio, sino también afianzar los lazos con los países latinoamericanos, lo que sin dudas representaría mayores oportunidades comerciales.

La encargada de esta tarea sería la Guardia Costera de China (CCG), la cual hoy en día es la agencia de aplicación de la ley marítima más grande del mundo.  Aunque por el momento se caracteriza por realizar sus tareas en las costas chinas, la CCG ya está aumentando silenciosamente su participación en las patrullas pesqueras internacionales en el Pacífico norte. 

Por ejemplo, desde 1994, la Guardia Costera de EE. UU. (USCG) ha recibido a sus homólogos chinos a bordo de barcos estadounidenses que operan en el Pacífico norte en apoyo de los esfuerzos para detener la pesca ilegal con redes de deriva en alta mar, en gran parte por parte de pescadores chinos. 

Por otra parte, una presencia más visiblemente cooperativa de la CCG en aguas latinoamericanas también permitiría calmar la creciente preocupación en la región por la supuesta pesca ilegal de los pescadores chinos.

En este sentido, Estados Unidos, la otra gran potencia del sistema internacional, también ha realizado incursiones en los últimos años en la región para colaborar con estos problemas y afianzar su papel con los países latinoamericanos.  

Por ejemplo, a fines de 2020, el buque de la Guardia Costera de EE.UU. USCGC Stone realizóen el Atlántico Sur una operación para “contrarrestar la pesca ilegal, no regulada y no declarada”.

El USCGC Stone, un buque cutter de la clase Legend y de código WMSL 758, tuvo como fin “garantizar que el hemisferio occidental sea seguro, libre y próspero” ante las crecientes actividades ilícitas en aguas del Atlántico.

En ese momento, en una especie de diplomacia costera, la USCGC explicó que su objetivo era convertirse en un socio de elección para la región, adaptando sus servicios a las necesidades de las naciones que consideran aliadas.

Así, estas explicaciones de las autoridades norteamericanos demuestran que los servicios de las guardias costeras son un nuevo elemento diplomático de las potencias para afianzar sus lazos con otros países, ya que sus capacidades tecnológicas les permiten realizar tareas que son casi imposibles para otros países de la región. Por ello, no sería extraño que próximamente China implemente estas prácticas para ganar influencia en América Latina.

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